Descarbonización: ¿qué papel tiene la energía nuclear?


Analizamos si la energía nuclear puede ser el complemento necesario de las renovables para conseguir un sistema energético verde


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Nos encontramos en un momento clave en la historia de la humanidad. Las evidencias científicas sobre el cambio climático nos obligan a repensar profundamente cómo producimos y consumimos energía.

En este contexto de transformación profunda, la Unión Europea ha decidido poner manos a la obra y se ha fijado el objetivo de lograr la neutralidad climática en 2050. Este compromiso, recogido a la Ley del Clima y al Pacto Verd Europeu, va más allá de una simple declaración: es un objetivo legalmente vinculante que implica sustituir de manera progresiva, pero completa los combustibles fósiles por fuentes de energía que no emitan carbono.

El gran reto energético de la descarbonización

La descarbonización es un reto de una magnitud colosal. Durante más de dos siglos, el crecimiento económico se ha sustentado en el carbón, el petróleo y el gas. Ahora, pero con el objetivo de la descarbonización para el año 2050 en el horizonte, la energía nuclear vuelve a sonar con fuerza. Y, especialmente, en casa nuestra, puesto que el debate sobre el plan de cierre de la Central Nuclear de Ascó y la Central Nuclear Vandellós II es más vivo que nunca.

Después de años marcados por una intensa controversia ideológica, la urgencia de la crisis climática y la necesidad de garantizar un suministro energético seguro han llevado a muchos gobiernos e instituciones internacionales a reconsiderar su papel como posible pilar de la transición energética, y el gobierno español y catalán no son ninguna excepción.

Energía nuclear y emisiones: una fuente baja en carbono

La energía nuclear puede ser crucial en el proceso de descarbonización porque genera muy bajas emisiones. Si analizamos todo el ciclo de vida, desde la extracción del uranio hasta el desmantelamiento de la planta, pasando por décadas de funcionamiento, la huella de carbono es de las más bajas que existen, cosa que lo equipara con las tecnologías más limpias del planeta.

Según las estimaciones que utilizan la Unión Europea y varios organismos científicos internacionales, la energía nuclear genera emisiones de CO₂ muy bajas si se tiene en cuenta todo su ciclo de vida. De media, se sitúan alrededor de los 12 gramos por kilovatio-hora, una cifra comparable a la de la energía eólica.

Otro ejemplo clarificador: producir electricidad con gas natural compuerta cerca de 490 gramos de CO₂ por kWh, mientras que el carbón supera los 800 gramos. Esto hace que la energía nuclear sea decenas a veces menos emisora de CO₂ que el gas, que todavía hoy ejerce un papel de apoyo en muchos sistemas eléctricos.

Esta realidad ha estado fundamental para que la Unión Europea, después de un intenso debate técnico y político, haya incluido la energía nuclear en su Taxonomía Verde, el sistema que orienta las inversiones sostenibles. Esta decisión reconoce que la nuclear puede contribuir en la lucha contra el cambio climático, siempre que cumpla criterios estrictos de seguridad y gestión de los residuos.

Fotografía del exterior de la Central Nuclear Ascó. / Foto: David Oliete

Fotografía del exterior de la Central Nuclear Ascó. / Foto: David Oliete

Nuclear y renovables: un binomio necesario para la nueva demanda

La apuesta europea por las energías renovables, como la eólica y la solar, es clara y necesaria. Son fuentes limpias, autóctonas y cada vez más competitivas en costes. Aun así, la física de la red eléctrica plantea un reto importante para un sistema basado mayoritariamente en estas fuentes: la intermitencia. El sol no siempre brilla y el viento no siempre sopla con la intensidad requerida, hecho que genera fluctuaciones en la producción que tienen que ser compensadas de manera inmediata con energía proveniente de centrales de carbón, gas natural, hidráulicas y nucleares.

En este contexto, cada vez más voces autorizadas señalan que la energía nuclear puede jugar un papel relevante en la descarbonización del sistema eléctrico. Y es que la nuclear proporciona una gran cantidad de energía constante y predecible, un factor clave para cubrir la creciente demanda eléctrica de las sociedades europeas.

Un ejemplo de este reto es la expansión de la inteligencia artificial, que requiere la construcción de centros de datos operativos las 24 horas del día. Estas infraestructuras necesitan un suministro eléctrico muy elevado e ininterrumpido, cosa que las fuentes renovables actuales por sí solas no pueden garantizar. En este escenario, la energía nuclear se presenta como una de las pocas fuentes bajas en emisiones capaces de aportar electricidad constante sin comprometer los objetivos climáticos.

Fotografia de la sala de control de la Central Nuclear Ascó. Foto: David Oliete

Fotografia de la sala de control de la Central Nuclear Ascó. Foto: David Oliete

Estabilidad de la red y seguridad del suministro

La energía nuclear también puede jugar un rol decisivo en la estabilidad de un sistema eléctrico moderno. Por qué? Pues porque no solo hay que producir suficiente electricidad, sino garantizar que llegue cuando y como es debido. En este equilibrio, la energía nuclear también puede tener un papel protagonista. Y es que las centrales nucleares aportan inercia de manera continua al sistema, una propiedad técnica derivada de las grandes turbinas en rotación que ayuda a mantener estables la frecuencia y el voltaje de la red. En el actual escenario, en el que hay una presencia creciente de energías renovables variables, esta estabilidad es esencial para evitar desajustos y posibles apagones.

Además, la energía nuclear puede ser capital en el objetivo de reforzar la soberanía energética europea, especialmente después de las crisis geopolíticas recientes, que han evidenciado los riesgos de depender del gas importado. Concretamente, el alta densidad energética del uranio permite almacenar bastante combustible para dos o tres años en un espacio reducido, hecho que aporta estabilidad al suministro eléctrico y reduce fuertemente la dependencia energética exterior.

Maniobra de instalación de un nuevo rotor en el grupo turboalternador de la Central Nuclear Ascó I.

Maniobra de instalación de un nuevo rotor en el grupo turboalternador de la Central Nuclear Ascó I.

Sama Bilbao: "Los españoles tenemos que decidir si queremos seguir por el camino del cierre de centrales nucleares o no"

En pleno debate global sobre la transición energética y la seguridad de suministro eléctrico, la energía nuclear ha vuelto a situarse en el centro del tablero geopolítico. Es por eso que desde El Nacional hemos hablado con una de las voces más influyentes y respetadas del sector a escala internacional: Sama Bilbao, directora general de la World Nuclear Association.

-Cada vez hay más países que se están decantando por la energía nuclear. A que cree que se debe esta dinámica?

-
Antes de todo, para tener una perspectiva clara, tenemos que ser conscientes que, en los últimos 60 años, de las 15 economías más grandes del mundo, 12 se han proveído con energía nuclear. Con esto qué quiero decir? Pues que está mucho más arraigada del que nos puede parecer a priori.

Dicho esto, sí que es verdad que, en los últimos años, muchos países que en el pasado se mostraban poco partidarios, ahora se decantan por ella. Se están dando cuenta que sin la nuclear no es posible conseguir los objetivos del Acuerdo de París ni ser competitivos económicamente.

"Sin la energía nuclear no será posible lograr los objetivos del Acuerdo de París ni ser competitivos económicamente"


-¿Pero cree que es posible convencer también a las naciones históricamente contrarias a las nucleares como Austria o Dinamarca?

-Sí, y se convencerán ellas mismas porque sin la energía nuclear no podrán mantener la calidad de vida actual. Es una cuestión de pragmatismo. Por ejemplo, tenemos el caso de Noruega, el primer ministro del cual ya ha reconocido que fue un error empezar el desmantelamiento de sus instalaciones nucleares.

-¿Desde la Word Nuclear Organization, cómo creéis que los países tienen que sacar partido a la energía nuclear?

-Estamos a favor de un sistema energético balanceado, que combine la nuclear con las diferentes fuentes de energía, en función de las necesidades y capacidades de cada territorio.


Por ejemplo, países del Sudeste Asiático como Filipinas, que tienen una geografía muy compleja y que están experimentando un crecimiento económico enorme, están estudiando muy seriamente como sacar partido de la energía nuclear porque toda su ciudadanía, sin excepciones, tenga acceso a energía limpia y a un precio razonable y, a la vez, potenciar la industria.

"Noruega ya ha reconocido que fue un error empezar el desmantelamiento de sus instalaciones nucleares"

—¿Y por qué razones les animáis a hacerlo?

-Las naciones modernas de todo el mundo, y todas aquellas que quieran serlo, necesitarán satisfacer de alguna manera la pujante demanda eléctrica provocada por la electrificación tanto de la movilidad como de la industria. Y se está demostrando que con las energías renovables no es suficiente.


Además, la energía nuclear es una oportunidad de oro para descarbonizar todos aquellos sectores industriales, como el químico o el del acero, que no se pueden electrificar.

-En 2023, Alemania acabó de cerrar todas sus centrales nucleares. Supongo que cree que es un error, ¿pero por qué?

-Sí, y están sufriendo las consecuencias: la industria pierde competitividad por el incremento del precio de la electricidad y la ciudadanía tiene que dedicar una mayor parte de su salario a la factura de la luz. En cambio, los países que más crecen son los que mayor partido sacan de la energía nuclear.

"La energía nuclear es una oportunidad de oro para descarbonizar sectores que no se pueden electrificar, como el químico o el del acero"

-¿Cuáles son los principales retos de la energía nuclear en estos momentos? ¿Su coste, la gestión de sus residuos, su peligrosidad…?

-Puesto que mencionas los residuos nucleares, me gustaría desmentir el mito de su costosa gestión. Bien es verdad que hoy en día se gestionan y se almacenan con total seguridad. Es más, se hace con una parte del dinero generado con la producción energética de las mismas centrales.

En cuanto a la inversión que requieren las instalaciones nucleares, si bien se trata de una gran cantidad, esta es rentable, puesto que una central tiene una vida media de 60 años de actividad non-stop.

A todo esto hay que sumarle el hecho de que las centrales nucleares son las instalaciones energéticas que menos muertos causan por kWh.

-El 2019, mediante el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), España se marcó el objetivo de tener cerradas todas las centrales nucleares para 2035. ¿Qué opinas al respecto?

-Como bien dices, el PNIEC se elaboró en 2019, pero se trataba de un contexto muy diferente al actual. Ahora, vivimos nuevas tensiones geopolíticas que nos obligan a depender el mínimo posible de la importación de energía.

Además, en España tenemos unas instalaciones nucleares reconocidas internacionalmente y unos profesionales del más alto nivel. Por todas estas razones de las cuales hemos hablado, los españoles tenemos que decidir si queremos seguir por el camino del cierre de centrales nucleares o no, porque es una decisión que nos puede hipotecar el futuro.

"En España tenemos unas instalaciones nucleares reconocidas internacionalmente y unos profesionales del más alto nivel"

-Finalmente, ¿cuál es el principal reto que tenemos como sociedad en cuanto a energía nuclear?

-Tenemos que triplicar la capacidad instalada de energía nuclear para el año 2050, tal como acordaron más de 20 países en la COP28 celebrada hace tres años en Dubai. Este incremento tiene que permitir mantener un nivel mundial de producción eléctrica mediante nucleares de, como mínimo, el 10%. Se trata de un porcentaje del cual no podemos bajar si queremos satisfacer la futura demanda eléctrica, puesto que necesitamos y necesitaremos una fuente de energía constante y limpia que no esté sujeta a interrupciones.

Berta Picamal: "La energía nuclear no es la única solución, pero no hay solución sin ella"

Otra figura muy respetada en el sector es Berta Picamal, directora jurídica y de relaciones internacionales de Nuclear Europe, que atiende El Nacional para desgranar los motivos de este "renacimiento" nuclear.

-En materia climática, el principal reto que tenemos sobre la mesa es el objetivo de descarbonizar la economía europea para el año 2050. ¿Crees que estamos a tiempo de lograrlo?

-Es un gran reto. Podemos ganar la partida si hay voluntad política y se ponen los medios económicos y financieros necesarios. Pero tenemos que ser claros: no conseguiremos los objetivos climáticos si no aprovechamos al máximo la energía nuclear. No es la única solución, porque no podemos poner todos los huevos a la misma cesta, pero no hay solución posible sin ella.

-Usted defiende un mix energético que combine renovables y nuclear. ¿Qué limitaciones tienen las renovables que hacen que la nuclear sea indispensable?

-Las renovables son dependientes del tiempo: si el viento no bufa o el sol no sale, no producen. En cambio, la nuclear proporciona una estabilidad en la red que las empresas electrointensivas, como las de cemento o aluminio, necesitan para funcionar las 24 horas del día, los siete días de la semana. La nuclear es la opción más limpia para garantizar este suministro constante.

"La energía nuclear es la opción más limpia para garantizar suministro eléctrico constante"

-¿Por qué cree que la energía nuclear ha vuelto con tanta fuerza a la agenda pública precisamente ahora?

-Ha habido varios factores. La invasión de Rusia en Ucrania ha sido la gota que ha hecho derramar el vaso al poner en jaque la soberanía energética europea. Nos hemos dado cuenta de que dependíamos demasiado del gas ruso. Además, hay una cuestión de competitividad: nuestras industrias necesitan energía baja en emisiones y con precios estables para sobrevivir.

-En España, de cara al 2035, el gobierno pretende cerrar progresivamente las centrales nucleares a través del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. ¿Qué consecuencias crees que podría tener este eventual cierre?

-Si no tenemos nuclear, las emisiones de CO₂ subirán seguro. Tenemos el ejemplo de Alemania, que el pasado 2023 acabó de cerrar todas las centrales que tenía activas. Entonces, tuvieron que compensar esta carencia de producción energética reabriendo centrales de carbón y lignito. Y está claro, las emisiones se dispararon. El caso alemán nos demuestra que cerrar la Central Nuclear Ascó o la Central Nuclear Vandellòs II es un lujo que no nos podemos permitir si queremos ser neutrales en emisiones en 2050.

"Cerrar la Central Nuclear Ascó o la Central Nuclear Vandellòs II es un lujo que no nos podemos permitir"

-Usted comenta que el debate sobre la nuclear se tendría que "despolitizar". ¿Por qué cree que se ha convertido en una cuestión de ideologías?

-Porque durante muchos años se ha utilizado como una herramienta política. Los electrones no tendrían que tener color político, pero se ha creado un relato donde parece que si estás a favor de la nuclear, estás en contra de las renovables y no es así. Tenemos que mirar los datos: la nuclear es la fuente de energía limpia que nos permite tener una base estable y limpia. Si queremos cumplir con los objetivos de descarbonización, nos tenemos que basar en la ciencia y la técnica, no en la ideología del momento.

-Se habla a menudo de los residuos como el gran problema de la nuclear. ¿Qué opina al respecto?

-La nuclear es la única tecnología que tiene en cuenta todos los costes del ciclo, desde la minería hasta la gestión final de los residuos y el desmantelamiento. Sabemos dónde están nuestros residuos y cómo son gestionados desde hace décadas. En cambio, los residuos del gas o el carbón los estamos respirando cada día porque no hay una tecnología de captura de carbono realmente implantada. Incluso con las renovables, que están mucho más extendidas, se empieza a pensar ahora qué hacer con las palas de los aerogeneradores o las placas fotovoltaicas, que tienen componentes químicos contaminantes.

-¿Qué tendría que cambiar en el marco regulatorio europeo para facilitar la transición energética?

-Necesitamos "neutralidad tecnológica". La Unión Europea no tendría que imponer porcentajes concretos de cada tecnología, sino marcar objetivos de descarbonización y dejar que cada país escoja su propio mix según su geografía. También hace falta que los fondos europeos para el desarrollo de fuentes de energía verdes incluyan la nuclear porque muchas veces queda excluida.

"Hace falta que la energía nuclear tenga acceso a los fondos para el desarrollo de la Unión Europea"

-Para acabar, hay una faceta de la nuclear que a menudo queda en el olvido: la medicina.

-Exacto, y es un tema que no se trata bastante. La energía nuclear es indispensable para producir los radioisótopos que se utilizan para el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades graves como el cáncer. Sin reactores de investigación nuclear, no podríamos hacer radiografías, radioterapia o ciertas pruebas de contraste. Europa produce el 70% de estos radioisótopos mundiales; si damos la espalda a la nuclear, también estamos poniendo en peligro la salud pública.

Conclusión: decidir con datos, no con dogmas

La transición energética no admite soluciones simples ni se puede permitir lujos ideológicos. El objetivo de descarbonizar la economía europea antes del 2050 es demasiado ambicioso y urgente para prescindir de herramientas que ya han demostrado su eficacia. En este escenario, la pregunta clave ya no es si la energía nuclear es perfecta —ninguna fuente de energía lo es—, sino si Europa puede lograr sus objetivos climáticos, industriales y de seguridad energética sin contar.

Los datos muestran que la nuclear es una fuente baja en emisiones, fiable, capaz de garantizar suministro constante, estabilizar la red y reducir la dependencia exterior. Lejos de competir con las renovables, las complementa y las hace viables a gran escala. Renunciar de entrada puede parecer una decisión cómoda desde el punto de vista político, pero puede ser errónea desde el punto de vista climático, económico y social.

Queda claro, pues, que el debate sobre la energía nuclear no tendría que girar alrededor de miedos heredados del pasado, sino de las necesidades reales del futuro. La lucha contra el cambio climático exige pragmatismo, rigor y decisiones basadas en la evidencia científica. En definitiva, si Europa quiere un sistema energético limpio, seguro y resiliente, la cuestión ya no es si la nuclear tiene un papel, sino qué tiene.